12 Abril 2020 – Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Queridas hermanas y hermanos, hoy celebramos la Resurrección de Nuestro Señor de entre los muertos.  ¡Alegrémonos!  Mientras nos alegramos en nuestro Señor resucitado, nuestra Iglesia vacía y los bancos vacíos, mirándome ahora, son un recordatorio de la tristeza que ahora envuelve nuestros corazones y mentes en nuestros hogares.  Al reflexionar sobre el evangelio de hoy, es la misma tristeza que llenó a María Magdalena y los apóstoles de Cristo cuando iban a la tumba vacía.  Sin embargo, la tumba vacía significaba que Jesús había resucitado y ya no estaba en la tumba.

Del mismo modo, nuestra Iglesia vacía hoy, aunque triste, nos recuerda que el Señor resucitado no está restringido por las cuatro paredes de nuestra Iglesia.  El Señor resucitado quiere ante todo reinar en nuestros corazones y almas.  ¿Estamos listos para darle una oportunidad?  ¿Queremos dar testimonio de su poder aumentado a partir de donde estamos ahora en nuestros hogares?  El Jesús resucitado quiere que seamos personas de esperanza, permitiendo que su poder resucitado reine en nuestra sociedad a través de nosotros a pesar de nuestra terrible experiencia actual.  Él quiere levantar nuestra sociedad desesperada a través de nosotros.  Él quiere que nuestros vecinos sientan el impacto de su resurrección a través de nosotros.

Pedro, en la primera lectura, no tuvo miedo de hablar sobre el Señor resucitado, proclamando que está ungido con el Espíritu Santo y el Poder.  Recuerde, fue el mismo Pedro que no pudo soportar a la niña judía dos días antes cuando se le preguntó si conocía a Jesús.  Entonces, ¿qué le pasó a Pedro?  ¿Por qué la transformación?  ¿De dónde vino su nueva audacia?  La respuesta a nuestra pregunta es que es el poder del Señor resucitado lo que ha comenzado a manifestarse en Pedro.

Queridos, es de la misma manera que el poder del Jesús resucitado quiere trabajar ahora en su vida.  Él quiere apoderarse de toda su vida para que ningún poder, ni siquiera el de enfermedad pueda tener la última palabra en su vida.  Es importante recordar que para que el poder del Cristo resucitado actúe en nuestras vidas, debemos dejar atrás el pecado, lo que hoy se entiende por las vestiduras de entierro que Cristo dejó en su tumba.

Al igual que Jesús, debemos dejar atrás todas las vestiduras de la muerte que nos han mantenido cautivos en nuestras vidas.  ¡Que el poder de nuestro Señor resucitado sea su protección y el de su familia en este período de incertidumbre, Amén!

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