14 Junio 2020 – Domingo del Cuerpo y la Sangre de Cristo

Queridas hermanas y hermanos, hoy celebramos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo.  En la primera lectura, leemos que Dios alimentó a los israelitas con maná durante cuarenta años en el desierto.

Hoy en el pasaje que leemos hoy en el Evangelio de Juan, el Señor nos dice que su Cuerpo y Sangre es el nuevo maná del cielo.  Al igual que el Maná en el Antiguo Testamento, el pan de la Eucaristía es nuestro medio de sustento tanto en la vida terrenal como en la eterna.

Como nos dice Pablo en la segunda lectura, una de las formas principales en que Jesús Eucaristía nos sostiene es que crea un vínculo de unidad entre nosotros como hermanos y hermanas.  Durante la Santa Misa, en el momento de partir el pan, todos, como hermanos y hermanas, estamos unidos como UNO con él.  Como se sabe muy bien, “Juntos en el Señor estamos parados, pero si estamos divididos caemos”.  En su reflexión sobre esta unión con Cristo a través del pan de la Eucaristía, Clemente de Alejandría lo comparó como “dos piezas de cera fusionadas”.

Mis queridos hermanos y hermanas, a través de la comunión eucarística, “nos convertimos en parientes de sangre” de Cristo y él se convierte en nuestro pariente más cercano.  Por lo tanto, es obligatorio para cada uno de nosotros que lo reciba “se reconozcan unos a otros como parientes, familia con Jesús “.  Siempre es un gran escándalo y una terrible tragedia cuando nosotros, que participamos y recibimos el Cuerpo y la Sangre del Señor, estamos divididos y en desarmonía.

Del salmo responsorial y del evangelio, leemos que el Señor Eucarístico, que descendió del cielo, nos trae la vida eterna.  A menudo me he preguntado qué significado tendría la vida terrenal si no hubiera vida eterna después de esta.  No sé ustedes, pero para mí, la vida terrenal ha tenido muchos desafíos.  Muchas veces, ha sido una vida de trabajo pesado y dolor.  Un minuto estamos felices, al siguiente estamos tristes.  Un minuto estamos relajados, al siguiente estamos estresados.  Nada en la vida terrenal es permanente, todo es fugaz y todos sus momentos están marcados por los diversos problemas de la vida.

Es el pan eucarístico el que da sentido a la vida y sin su alimento, “la vida de Dios en nosotros se desvanece, se agota”.  Nuestra vida terrenal solo puede ser significativa cuando se vive con y para Dios.  Es la Eucaristía la que nos conecta con Dios y corona nuestra vida final con la eternidad.  Hoy, invito a cada uno de ustedes a renovar su devoción y amor al Señor Eucarístico para que su vida pueda tener sentido ahora y en la eternidad. Amen

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