2 de Febrero 2020 – Fiesta de la Presentación del Señor

Hoy, celebramos la Fiesta de la Presentación del Señor, cuarenta días después de Navidad, llegando a la conclusión de las lecturas del nacimiento de Jesús, según el Evangelio de Lucas.  ¿Por qué se presentó a Jesús en el templo?  Fue por dos razones.

 

Primero, para cumplir la Ley de la Redención del Primogénito como se requería en Éxodo 13: 1-2 y segundo, para la Purificación de María después del parto.  En la ley judía de Levítico 12, siempre existe el ritual de purificación de una madre después del parto.  Nuestra Santísima Madre, a pesar de que es virgen, no necesitaba purificación, aun, así, lo hizo.

 

Es esta historia del cumplimiento de la ley en la presentación de Cristo en el templo que hemos leído en el evangelio de Lucas.  Hoy, el divino hijo de Dios entró por primera vez en el templo cumpliendo la profecía hecha en Malaquías de que “El Señor que buscas vendrá a su templo”.

 

Queridos, entre las muchas cosas que se dijeron sobre la celebración de hoy, es cómo Jesús y sus padres cumplieron la ley.  Hoy, cada uno de nosotros tiene el desafío de examinar nuestra relación con las leyes de la tierra.  ¿Cómo nos va en nuestros deberes como ciudadanos o residentes de los Estados Unidos?  En la presentación de hoy, se nos recuerda que nuestra vocación como católicos incluyen ser buenos ciudadanos. Entre las cosas que Dios exigirá de nosotros en el último día es cómo le damos testimonio a través de nuestra obediencia a las buenas leyes del estado.

 

El pagar los impuestos, por ejemplo, está aquí nuevamente ante nosotros.  ¿Estamos siendo honestos al respecto?  En nuestras oraciones individuales, ¿rezamos por nuestros líderes, incluidos los que no nos gustan, Trump, por ejemplo?  ¿Estamos conduciendo sin licencias?  ¿Estamos conduciendo borrachos poniendo en peligro a otros?

 

Para ser buenos ciudadanos, nuestras vidas siempre deben estar llenas de la presencia de Dios.  Simeón y Anna nos mostraron buenos ejemplos.  Eran visitantes regulares del templo.  Anna, por ejemplo, nunca salió del templo porque le entregó su vida al Señor.  Queridos, ¿nuestras vidas están empapadas con la presencia de Dios a diario?  ¿Hacemos tiempo para Dios todos los días?  Es importante recordar que es solo cuando nuestras vidas están llenas de la presencia de Dios que podemos transformar nuestra sociedad.