3 Mayo 2020 – Cuarto Domingo de Pascua

En la primera lectura, cuando Pedro terminó de hablar, la gente preguntó;  “Hermanos ¿Qué debemos hacer”? Pedro les respondió: “Arrepiéntanse y háganse bautízar en el nombre de Jesucristo y recibirán el don del Espíritu Santo”. En la segunda lectura, el mismo Pedro en su Carta dice: “Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas”.

 

Queridos hermanos y hermanas, durante nuestras vidas terrenales, necesitamos ejemplos para imitar.  Hoy, Nuestro Señor se nos presenta en su humanidad como el ejemplo supremo a imitar para vivir una vida santa y agradable a Dios.  En el evangelio, se declaró a sí mismo como la puerta en el corral de ovejas, y el que entre por él será salvo.

 

Como dice Pedro, “Nuestro Señor en su vida terrenal vivió una vida sin pecado y no se encontró ningún engaño en su boca”.  Nunca insultó a nadie, incluso cuando fue insultado y no guardaba rencor por su sufrimiento.  Estas son las cosas que debemos imitar.  En el mundo de hoy, hay muchas “voces falsas” y “modelos” que se nos presentan para imitarnos.

 

Esas voces provienen de nuestras preocupaciones diarias, seres materiales, necesidades económicas y de salud.  Incluso la pandemia con todo lo que conlleva es una voz que exige nuestra atención.  Es importante recordarnos que cuando nos concentramos únicamente en atender esas voces sin reconocer que nuestras vidas finalmente dependen de Dios, nos alejan de Él.

 

Es solo en Jesús que encontramos esa voz que nos llevará a la seguridad.  En su presencia siempre estamos a salvo como una oveja en presencia de su pastor.  La pandemia, por ejemplo, nos ha mostrado la futilidad de la vida que solo sigue a la voz de las cosas materiales.  Nos ha mostrado la fragilidad de nuestras vidas. Como alguien notó correctamente, “en estos tres cortos meses, muchas cosas que la gente adoraba ha demostrado su temporalidad.  Para aquellos que adoran a los atletas, hoy los estadios están cerrados.  Para aquellos que adoran a los músicos, los centros cívicos están cerrados.  Para aquellos cuyas vidas solo se definen por la adquisición monetaria, la economía y el mercado están en crisis”.

 

Por lo tanto, queridos, mientras oramos a Dios para que restaure nuestras vidas a la “normalidad” y ayude a que nuestra salud y economía se recuperen, es importante aprender de nuestra experiencia que lo único que importa es Dios al final del día. Debemos imitarlo y seguirlo.