3 Noviembre 2019 – Trigésimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario

El libro de la Sabiduría le dice a Dios: “Porque amas todas las cosas que existen y no detestas nada de lo que has hecho”.  Este amor de Dios se ve en la declaración que Jesús le hizo a Zaqueo “baja rápidamente porque hoy tengo que hospedarme en tu casa” “… porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Queridas hermanas y hermanos: Nuestro Dios siempre se preocupa por nosotros en todo momento, a pesar de lo pecaminosos e imperfectos que somos.  Zaqueo, como sabemos, era un rico recaudador de impuestos que extorsionaba y defraudaba a los pobres.  Todos lo detestaban mucho por eso.  En el Evangelio de hoy, recibió el perdón.  Hizo un esfuerzo extra de subir al árbol para ver a Jesús.  ¿Qué lecciones hay para nosotros?

El primero es el llamado para que superemos todos los obstáculos que nos impiden encontrarnos con Jesús.  Zaqueo sabía que su baja estatura era un impedimento para ver a Señor.  Él ideó un medio para superar eso.  En el encuentro con el Señor, su riqueza mal adquirida sería otro impedimento, pero se deshizo de ellas al restituir a los que defraudó y dar la mitad a la caridad.

Hoy, la situación de Zaqueo refleja la nuestra.  Jesús nos ama y se preocupa por nosotros como lo hizo por Zaqueo y nos está llamando en este momento para abrazarnos.  ¿Cuáles son los obstáculos que impiden una relación plena con él?  ¿Podemos honestamente mirar hacia adentro para encontrarlos?  Los esfuerzos de Zaqueo hoy fueron en dos etapas: la primera fue el esfuerzo físico y el esfuerzo espiritual, veamos

Se trepa al árbol, del mismo modo, ¿cuáles son los obstáculos físicos que nos impiden encontrarnos con Jesús?  ¿Proviene de nuestras relaciones actuales?  ¿Viene de nuestros lugares de trabajo o las ocupaciones lo que nos impide tener suficiente tiempo para Dios?  ¿Proviene de nuestros logros materiales, riquezas, talentos y dones?  Mientras nos enfrentamos a los obstáculos físicos, recordemos que Zaqueo también se ocupó del impedimento espiritual.

Cuando se encontró con Cristo, se deshizo de su codicia, orgullo y ambición.  En nuestro propio caso, ¿cuáles son esos obstáculos espirituales?  ¿Somos codiciosos, orgullosos o ambiciosos?  Al igual que Zaqueo, ¿estamos listos ahora para hacer un esfuerzo adicional para deshacernos de estos defectos espirituales para corregir nuestra relación con Dios?  ¿Podemos dar ese salto audaz para eliminar cualquier obstáculo que nos impide tener una relación completa con Jesús?  “anímate para que el gozo del Señor, en Zaqueo se materialice prontamente en ti tambien!. Vale la pena”!

Leave a Reply

Your email address will not be published.