10 Noviember 2019 – Trigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

En la Primera Lectura del libro de Macabeos uno de los hermanos respondió: “Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres”.  En el Evangelio, a los saduceos que negaban la resurrección, Jesús les recordó, que habrá uno al final de la vida terrenal y que solo aquellos que sean considerados dignos por Dios lo lograrán.

Queridas hermanas y hermanos, las lecturas de hoy nos recuerdan la verdad más importante que debe guiar nuestras vidas.  Que nuestras vidas terrenales tienen un destino eterno y que no somos simplemente productos del azar, chocando sin rumbo en un mundo sin propósito.  Todos venimos de Dios y volvemos a Él.

Es cierto que Dios nos creó sin nuestra ayuda, pero no puede salvarnos sin nuestra cooperación.  La forma como termine nuestra vida terrenal y nuestro destino eterno dependerá en gran medida de cómo hayamos respondido a la invitación de Dios en nuestras vidas ahora.  San Pablo en la Segunda Lectura alentó a sus oyentes de Tesalonia a continuar siguiendo sus instrucciones y que el Señor debe dirigir sus corazones al amor de Dios.

Hoy nos enfrentamos con ideas que intentan negar la dimensión eterna de nuestras vidas o hacen (menos) urgente (alentarnos a) ocupar nuestros corazones sólo con las cosas pasajeras de la vida.  Las lecturas de hoy traen de vuelta la verdad de nuestro Credo “espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”.

Esta verdad sobre la vida eterna es lo que motivó a estos siete hermanos de Macabeos a morir como mártires.  Como uno de ellos respondió: “vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la firme esperanza de que Dios nos resucitará. ”  ¡Qué Valentía!

En nuestro propio caso, aunque no hayamos sido “llamados a morir literalmente como mártires”, estamos llamados a vivir como ellos.  Ser mártir es ser testigo público.  ¿Estamos listos para dar testimonio público de la verdad de la fe con nuestras vidas?  Cuando los valores morales cristianos son atacados, ¿cuál es nuestra reacción?  ¿Es nuestra creencia en la Resurrección lo suficientemente fuerte como para influir en la forma en vivimos ahora?

 

Leave a Reply

Your email address will not be published.