18 Agosto 2019 – Vigésimo Domingo del Tiempo Ordinario

En la primera lectura, leemos sobre el castigo dado al profeta Jeremías por hablar a su pueblo de la verdad de Dios, mientras que, en el evangelio, ¡Jesús dice “Tengo que recibir un bautismo! ¡Y que angustia siento hasta que esto se cumpla!” Hoy, la historia de Jesús y Jeremías nos recuerda que el dolor y el sufrimiento son parte de nuestras vidas como seguidores de Cristo.  En el evangelio, la referencia de Jesús a su bautismo tiene que ver con su inminente sufrimiento en la cruz.

Jesús y Jeremías sufrieron mucho durante sus vidas terrenales debido a su fidelidad a la verdad. Queridas hermanas y hermanos, es exactamente la misma situación para nosotros si queremos ser fieles a Dios.  Dios nunca prometió a nadie, un viaje sin dolor, más bien prometió una llegada segura al destino celestial si uno permanece fiel.

Hoy, el libro de hebreos nos presenta a nuestros antepasados, quienes también pasaron por las mismas pruebas y tentaciones mientras sus ojos estaban fijos en Jesucristo.  Si ganaron la batalla, ¿por qué no nosotros?   Es importante recordar que nadie se convirtió en un santo teniendo una vida fácil.  Todos se convirtieron en santos por su fidelidad al llevar sum cruz de Cristo.   Al igual que ellos, estamos llamados a estar listos para estar en desacuerdo y no comprometernos con el diablo como Cristo nos advirtió en el evangelio.

Como cristianos, “disentir para nosotros significa objeción de conciencia al mal”.  Debemos tener el coraje de hablar abiertamente contra el mal en nuestra sociedad actual.  Como alguien dijo con razón, “cualquier división que la disidencia pueda causar, no puede ser peor que una paz falsa, paz al precio del mal o la injusticia. La disidencia contra el mal le costó la vida a Jesús porque le resultaba imposible llamar   a   un   “alto   de   fuego”   si   eso   significaba   negociar   con   el   mal”.

Como discípulos de Jesús, no deberíamos esperar nada mejor que el fuego de la cruz, y es por eso que no podemos comprometernos con el pecado como nos lo pide el libro de hebreos.  Estamos llamados a deshacernos de su carga y librarnos de su peso. La presencia del pecado nos agobia al progresar mucho en nuestro viaje celestial al igual que nuestro viaje habitual con equipaje pesado es mas engorroso (batalloso) que viajar ligeros de equipaje. De hecho, hacer el viaje de la vida bajo el peso del pecado es como llenar el equipaje con piedras inútiles mientras se sube a la montaña.  Esfuérzate por librarte del pecado para que el viaje de tu vida sea ligero.

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