29 Septiembre 2019 – Vigésimo Sexto Domingo del Tiempo Ordinario

Las lecturas de hoy nos presentan la verdad fundamental de nuestras vidas: somos creados por Dios y solo para Él.  Todo lo que hacemos en esta vida debe ajustarse a esa única verdad.  En la Primera Lectura, Pablo le recuerda a Timoteo, “Conquista la vida eterna a la que has sido llamado”.  Significa que todas sus obras deben tener vida eterna con Dios a la vista.  Es esta verdad en el Evangelio que el hombre rico  “que se viste de púrpura y lino fino y cena suntuosamente cada día” no entendió.

Para el hombre rico, la vida en la tierra era simplemente un fin para ser disfrutada en plenitud. Para el no había otra vida después de eso. Desafortunadamente, descubrió la verdad demasiado tarde porque no tuvo tiempo de enmendarse. Es esta verdad acerca de la vida que cada uno de nosotros está llamado a reflexionar. No es una coincidencia que hoy vivimos en una sociedad que tiene todas las tentaciones que atraparon al hombre en su lujo.

 

Tiendo a pensar en todos los lujos e innovaciones que tenemos hoy a nuestra disposición; los entretenimientos, los artilugios y la riqueza que embriagan e inundan nuestras vidas todos los días.  Samsung lanzó su 10+ y Apple, hace unas semanas, lanzó su último iPhone 11. Nuestras industrias de películas y entretenimiento, como la serie dramática, “Game of Thrones”, películas de Netflix como “Black Panther”, “Aviator” y otros.  Todos tienen el poder de mantenernos en nuestras zonas de confort.  Hoy hablamos de inteligencia artificial, internet y realidad aumentada.

 

Mientras hacen la vida más fácil y nos ayudan a relajarnos y hacer nuestras cosas, piensen en lo que sus abusos han hecho a nuestra mente (psique) y vida espiritual.  ¿Podemos estar por un momento en silencio y en quietud espiritual?  Mientras están en la Iglesia, algunos dividen su atención entre sus mensajes telefónicos y la Eucaristía.  En casa, nos tratan las orgías salvajes que llenan nuestras estaciones de televisión.

 

Queridos hermanos y hermanas, es importante recordar que el hombre rico no terminó en el infierno debido a la riqueza, sino a la forma como la usó.  Nunca tuvo tiempo para Dios, (ni para otros de inferior condicion) y el silencio espiritual fue un tabú para él porque pasó toda su vida festejando.  Nunca supo que Lázaro estaba en necesidad porque toda la atención estaba en sí mismo.

 

Hagamos una pausa y preguntémonos, ¿en qué uso mi tiempo y recursos?  ¿Soy consciente que las personas a mi alrededor necesitan mi ayuda?  Recuerda, tu salvación eterna depende de eso.

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