6 Octubre 2019 – Vigésimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario

Las lecturas de hoy nos recuerdan la importancia de la fe.  El Señor respondió a Habacuc en la Primera Lectura “el justo, por su fe, vivirá”.  En el Evangelio, Jesús le dice a sus apóstoles: “Si tuvieran fe,aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decir a ese árbol frondoso: Arráncate de raíz y plántate en el mar, y los obedecería”.

Queridas hermanas y hermanos, la virtud de la fe es extremadamente importante, ya que es el fundamento de nuestras vidas como cristianos.  Como fundamento, la fe nos ayuda a ver la verdad de que Dios es nuestro creador, de quien depende todo lo que somos y tenemos.  Es solo a través de Él y en Él que nuestras vidas pueden ser significativas. La fe nos ayuda a entender esta verdad;  haciéndonos ver todo, interpretar y juzgar cada evento que sucede y el mundo que nos rodea desde la perspectiva de Dios.

A menudo pienso en la fe, que es ver las cosas desde la perspectiva de Dios.  Por ejemplo, mirando a Memphis desde 15,000 pies del cielo.  Si viaja por las calles, nunca apreciará completamente la belleza de esta ciudad hasta que se observe desde arriba, y verás cuán bien ordenadas están las calles, cómo están bien estructuradas las casas y cómo los caminos serpentean por el bosque, etc. Mirar las cosas desde nuestra perspectiva humana es solo ver a Memphis desde la calle, donde se esconde su belleza.

Como nos recuerda el Cardenal Sarah, “la fe no es simplemente una intuición, una emoción o un sentimiento, sino la forma, el molde de toda nuestra vida, tanto privada como pública, personal y social.  Es una apertura aceptar muchas preguntas sin respuesta sobre la vida, confiando en el poder y la bondad de Dios, sin importar cuán grave sea la situación.  En pocas palabras, es como el modo predeterminado de nuestra computadora.  Cuando tenemos fe, entendemos la vida como un regalo, como Pablo le dice a Timoteo en la Segunda Lectura, ‘reavive el don de Dios que recibiste”.

Cada uno de nosotros es un regalo de Dios y estamos llamados a ser regalos el uno para el otro.  Humildemente sabiendo que no podemos presumir de nada, ya que todos son regalos de Dios, incluidas nuestras vidas.  Que nuestras vidas siempre se guíen por esta verdad fundamental.

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