9 Agosto 2020 – Decimonoveno Domingo del Tiempo Ordinario

Hoy, la fe y sus desafíos se nos presentan a través de las lecturas.  En el Evangelio, cuando Pedro, fue invitado por Jesús para llegar a él, tuvo inicialmente la fe para salir de la barca y caminar sobre el mar.  Cuando se vio caminando sobre el mar, la duda lo venció y comenzó a hundirse.  Clamó al Señor que lo salvara.  Jesús, mientras lo salvaba, se lamentó por su falta de fe.

Queridos hermanos y hermanas, el episodio de Pedro representa nuestras experiencias individuales de vida.  Como católicos bautizados, cada uno de nosotros ha estado luchando con nuestro camino de fe.  Muchas veces, no siempre hemos sido fieles al Señor, probablemente debido a los desafíos de la vida que enfrentamos.  En las lecturas de hoy, especialmente en el evangelio, se nos llama una vez más, a examinar e identificar las situaciones en las que no hemos sido fieles al Señor para que sean transformadas- cambiadas y nuestra vida de fe sea mas profunda.

Al dirigir nuestras diversas infidelidades al Señor, la primera área en la que debemos centrar nuestra atención es la identidad del Señor y dónde se puede encontrar.  En la primera lectura, el Señor, al aparecerse a Elías, no estaba ni en el fuerte viento que aplastaba las rocas, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino que estaba en la brisa suave.  Muchas veces buscamos al Señor en los lugares equivocados. Creemos que se puede encontrar en los grandes eventos de la vida, como nuestros grandes logros y éxitos, grandes aprendizajes, programas políticos, o nuestra riqueza;  en lo externo; búscalo en tu interior para que puedas hacer las pequeñas cosas que realmente nos acercan a él.

Lo podemos encontrar en las pequeñas acciones como estar ahí para nuestro prójimo que está necesitado, enviarle una tarjetita a un vecino que está enfermo, hacer una llamada a un amigo que no hemos visto en un tiempo, animar a alguien que está deprimido, estar disponible  en los juegos de nuestros hijos, sonreírle a un extraño que parece desinteresado, también haciendo nuestras pequeñas devociones de oración como el Santo Rosario, la Divina Misericordia pensando y sintiendo lo que decimos; Sentarse en un momento de tranquilidad ante Jesús-Eucaristía para contemplarlo, adorarlo, y pedirle la fuerza para amarlo mas y amar al prójimo como El nos pide y así formar nuestra conciencia en lo bueno, lo mejor, lo santo.

Al hacer todas estas pequeñas cosas, el Señor siempre debe ser el centro.  En el evangelio, vimos que mientras que el enfoque de Pedro estaba en el Señor, él caminó tranquilo sobre las aguas pero tan pronto se enfocó en sí mismo y su alrededor, comenzó a hundirse. Pedro, como muchas veces tu y yo, Perdió su vista- su interés en el Señor.  De la misma manera, el Señor nos invita hoy a mantener siempre nuestro enfoque en Él para que podamos seguir enfrentando y superando todos los desafíos de la vida con actitud de gran confianza y espera en Aquel que todo lo puede, Dios Todopoderoso.! Amen!!

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